Pequeños mamíferos. Roedores

 


 

Cuidados veterinarios básicos

Dra. Dulce María Brousset H. J.

AlimentaciónLa evaluación clínica de los roedores comúnmente mantenidos como animales de compañía es muy similar a la que se hace con otras especies más convencionales en el sentido de que se usa el mismo abordaje sistemático para llegar a una lista de problemas. La diferencia con estas especies es que su tamaño diminuto, la alta tasa metabólica y la falta de paciencia pueden ser un problema para el clínico. Con práctica y paciencia los veterinarios pueden desarrollar las habilidades necesarias y sentirse cómodos al incluir a estos pacientes en su práctica cotidiana.

El transporte de un roedor al consultorio le provoca estrés, y también la espera en una zona donde se encuentran otro tipo de animales de compañía, especialmente perros y gatos. Se recomienda llevarlo a consulta en un contenedor con buena ventilación, con la posibilidad de ofrecerle agua y alimento, donde pueda sentirse seguro, por lo que es buena idea cubrirlo para que permanezca oscuro. Si es posible por tamaño, el mejor transporte será en su propio albergue, pidiéndole al dueño que no lo limpie previo a la consulta. No se recomienda que el propietario lo lleve suelto a la consulta.

Medicina preventiva

Comparados con otros animales de compañía los roedores pueden considerarse rústicos. Si se les mantienen con una buena dieta, se les proporciona agua potable y se albergan en un ambiente seguro y confortable, la mayoría de estas mascotas viven sin problemas. Probablemente la mejor manera de mantener a un roedor saludable a largo plazo es obtener un animal saludable desde el principio. También es importante que el propietario invierta en instalaciones de calidad, no solo que contengan al animal, sino que permitan un fácil mantenimiento de las medidas de higiene básicas.

En general, la prevención de las enfermedades en los roedores es más fácil que su tratamiento.

Actualmente no existen vacunas que se recomienden para ser utilizadas en roedores, por lo que el calendario de medicina preventiva generalmente incluye solo revisiones anuales para evaluar el estado general de salud del animal, en el que se realice un examen físico completo, con particular énfasis en la cavidad oral, y la revisión de la dieta y prácticas de manejo actuales. También pueden realizarse análisis coproparasitoscópicos.

Signos de enfermedad

El reconocimeitno temprano de enfermedades en los roedores es difícil, ya que al ser animales que generalmente son depredados, tratan de que los signos pasen despercibidos como un mecanismo de supervivencia. 

Anorexia o hiporexia

Es un signo común para muchos problemas; pero puede ser difícil de reconocer por el propietario cuando los albergan en grupo o cuando tienen grandes cantidades de alimento disponibles.

Letargia y debilidad

Es un signo poco común en roedores y muchas causas como anorexia, deshidratación, hipertermia, infecciones o neoplasias pueden causarlo. Los roedores rápidamente presentan hipoglicemia cuando no tienen alimento disponible; por lo que si un propietario reporta este signo en general se le recomienda que le ofrezca agua y alimento al animal mientras los lleva a consulta. También debe revisarse la temperatura ambiente para evaluar la descartar problemas de hipertermia.

Cambios en las heces

El color normal en los roedores varía de negro a tonos de café, y la consistencia es desde seca hasta pastosa. Si las heces son muy secas pueden asociarse a deshidratación y una reducción en el tamaño normal generalmente se asocia con disminución en el consumo de alimento. Cuando se presenta diarrea debe descartarse una infección bacteriana o por parásitos, o un cambio en la alimentación.

Cambios de comportamiento

El propietario es la mejor persona para percibir cualquier cambio en la conducta de su roedor. Estos cambios pueden cosistir en letargia, debilidad, cambios de rutina o patrón de actividad, modificación en los hábitos de consumo de alimento, temblores, etcétera.

Descarga nasal u ocular

Las glándulas de harder de los roedores, especialmente de las ratas, secretan profirina que pueden teñir la lagrima de color rojizo. Las ratas incrementan esta secreción en respuesta al estrés o enfermedad y las lagrimas se secan alrededor de los ojos y la narinas, semejando costras de sangre. Esta condición se conoce como cromodacriorrea y, aunque no es patológica,  se asocia como consecuencia de estrés agudo por dolor, enfermedad, o contención. En otras ocasiones, pueden asociarse a enfermedades crónicas subclínicas, lo que amerita una evaluación completa del paciente. Cualquier otro tipo de secreción ocular o nasal debe evaluarse clínicamente, ya que las infecciones oftalmológicas y respiratorias son comunes en los roedores.

Signos asociados con dolor o distrés

La evaluación del dolor en los animals requiere de observación del paciente. Los roedores con dolor o distrés pueden disminuir su consumo de alimento y agua, perder peso, se aislan, la respiración es más rápida, con la boca abierta y un patrón abdominal, aumentan o diminuyen su actividad, disminuyen su acicalamiento por lo que se observan sucios, presentan posturas anormales, o incluso pueden desarrollar automutilación.  En general, cuando no se pueda estar seguro de si un animal presenta dolor o distrés, puede hacerse una comparación entre el problema del roedor y el equivalente en cualquier otro paciente como un perro o un gato, o inclusive en una persona.

Problemas médicos más comunes asociados a una alimentación inadecuada

La prevalencia y tipo de enfermedades que se presentan comúnmente en los roedores mantenidos como animales de compañía son diferentes a las que se observan bajo condiciones de laboratorio y, aunque existe una gran cantidad de literatura generada por la investigación biomédica que sirve como material de consulta, la atención clínica de estos roedores en el consultorio se diferencia porque se hace medicina de individuos y no de colonias. Los roedores usados en la investigación son mantenidos en ambientes controlados, mientras que los mantenidos como animales de compañía están expuestos a variaciones en la temperatura, humedad, ciclo de luz, variedad de alimentos y patógenos provenientes de otros animales o los humanos.

Los problemas médicos más comunes en estos roedores son dermatológicos, digestivos o respiratorios.

El sobrecrecimiento de los incisivos es común en ratas, pudiendo llegar hasta la cavidad nasal. Puede asociarse a dietas muy suaves o a la falta de material para roer; con lo cual generalmente se previene el desarrollo del problema. Los incisivos sobrecrecidos requieren de recorte con una fresa de alta velocidad para evitar la fractura de la pieza, siendo necesario revisar la anatomía y dinámica de la cavidad oral en estos pacientes antes de realizar el procedimiento.

Los jerbos pueden desarrollar enfermedad periodontal y obesidad cuando son alimentados con dietas exclusivas para ratas o ratones por más de 6 meses.

Los problemas de pododermatitis frecuentemente se presentan en cuyos obesos que se albergan en jaulas con piso de malla o alambre, con material de cama abrasivo o con muy mala higiene. Se desarrollan áreas de hiperqueratosis en las superficies plantar o palmar que progresan a úlceras que permiten la colonización secundaria por Staphylococcus aureus que puede progresar hasta convertirse en osteomielitis.

Las zonas alopécicas asociadas a problemas no infecciosos generalmente se deben a deficiencias de vitaminas, problemas endócrinos o automutilación.

Los cuyos tienen una mutación en el gen que produce la enzima L-gulono-γlactona oxidasa por lo que no pueden producirla, lo que no permite transformar la glucosa a ácido ascórbico haciéndolos incapaces de sintetizar de forma endógena la vitamina C. Por esta razón requieren de su suplementación diaria en la dieta. El ácido ascórbico es necesario para la síntesis de colágeno y su deficiencia compromete la integridad de los vasos sanguíneos, lo que produce hemorragias gingivales y articulares. También es necesario para mantener la posición de las piezas dentales y su deficiencia causa mala oclusión. Otros signos clínicos son anorexia, diarrea, vocalizaciones asociadas a dolor, retraso en la cicatrización, claudicación y aumento en la susceptibilidad a infecciones bacterianas. Los animales jóvenes son más susceptibles a desarrollar la deficiencia de vitamina C y bastan 2 semanas sin suplemento para la presentación de signos clínicos.

En chinchillas, las zonas alopécicas generalmente se asocian a automutilación, o consumo del pelo de otro animal, sugiriéndose como su causa las deficiencias nutricionales aunque muchas veces se deben a problemas conductuales que puede incluso transmitirse de la madre a las crías.

Las chinchillas no pueden vomitar y desarrollan fácilmente timpanismo o dilatación gástrica asociada a cambios bruscos en la dieta o a una dieta rica en frutas y semillas.

El Criadero de Hurones® 2015 Especies - Roedores
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